Copérnico: del sol a la tierra y el programa europeo de observación de la tierra

Nicolás Copérnico, padre de la astronomía moderna, formuló la teoría heliocéntrica del sistema solar en el Renacimiento, una verdadera revolución para aquel entonces. Afirmar que el hombre y la tierra no eran el centro del universo, y que los planetas giraban entorno al sol tuvo grandes repercusiones en el ámbito científico, teológico y filosófico de la época.

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Nicolás Copérnico (retrato de Toruń, Polonia, principios del S XVI)

Hace pocos meses que se ha rebautizado al programa (antiguo GMES) más ambicioso de la Comisión Europea (CE), la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia de Medio Ambiente Europea (EEA) como Copernicus, pero, ¿de qué se trata? ¿cuál es realmente el objetivo del programa?

Es algo tan sencillo de decir como difícil de realizar: poner los satélites al servicio de la sociedad. Y es que, en realidad es ese el objetivo final de la tecnología: conseguir un impacto social directo y palpable.

Cuando oímos hablar de satélites imaginamos la más avanzada tecnología, algo lejano y de difícil acceso. Esa idea podía encajar en los tiempos de la carrera espacial, o incluso en los años 80, quizás 90, donde se daba más importancia a los ámbitos tecnológicos; ahora el concepto es totalmente diferente.

El mejor ejemplo hasta la fecha es el GPS. Desde hace unos años todos hemos experimentado en nuestro día a día cómo los satélites pueden contribuir a hacer nuestra vida mas fácil con aplicaciones como el GPS. Los satélites que integran la constelación GPS (de la NASA) y GALILEO (de la ESA) son satélites de navegación; es decir, la información que tienen hace referencia a un posicionamiento y su aplicación fundamental, aunque no la única, es la de ubicar con precisión un usuario sobre la superficie terrestre y con esta información proporcionar infinitas aplicaciones como indicar la ruta que debe seguir una persona hacia un punto determinado y muchas más.

Los satélites que integran el programo Copernicus no son satélites de navegación sino satélites de observación de la tierra literalmente, es decir, centinelas que orbitan y observan la tierra continuamente con el fin de que la explotación de los datos que proporcionan mejoren nuestra calidad de vida.

Los Sentinel, nombre con el cual se ha bautizado a los satélites que integran el eje fundamental del programa, toman imágenes de la tierra con diferentes sensores y tecnologías para obtener de ellas parámetros de alta importancia.

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El satélite de observación de la tierra Sentinel 1 (copyright: ESA/ATG medialab, 2014)

Analizando los datos de tales satélites se extraen parámetros como la cantidad de nieve almacenada en las montañas, las manchas de petróleo en el océano, la concentración de clorofila o las floraciones de algas en los mares y lagos, la detección de movimientos sísmicos, o bien de la erosión de la línea de costa. Estos son solo unos pocos ejemplos de la gran potencialidad de los Sentinel, cuyo primer satélite, Sentinel-1, orbita alrededor de la tierra desde el pasado 3 de abril.

Con todos estos parámetros pueden darse servicios de gran utilidad a gobiernos, autoridades públicas e instituciones medio ambientales fundamentalmente, tales como apoyos a servicios de emergencia, seguridad, marítimos, atmosféricos y climatológicos, que van desde el seguimiento de incendios, de áreas inundadas o actividad sísmica hasta el control de fronteras, estado de los casquetes polares o incluso aplicaciones tan variadas como un inventario de las zonas agrícolas o urbanas del planeta, entre tantos.

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Un mapa de las recientes inundaciones ocurridas en Serbia en mayo de 2014, elaborado a partir de datos proporcionados por Sentinel 1 (copyright: ESA/European Commission, 2014)

Como vemos, el programa Copérnico, y su pequeño ejercito de Centinelas, tienen la misión de velar por la tierra cumpliendo el objetivo fundamental que enunciábamos antes; es decir, sirviendo a la sociedad con la más avanzada tecnología y el esfuerzo conjunto de muchas personas y organismos internacionales para gestionar complicadas tareas de emergencia y seguridad con una información global, precisa y rápida como nunca antes se ha hecho.

Y volviendo al inicio, nos encontramos de nuevo con Copérnico, que postulaba que todo giraba alrededor del sol, y nunca imaginó que irónicamente el hombre, egocéntrico por naturaleza, utilizaría su nombre para un programa cuyo eje central vuelve a ser precisamente de nuevo la Tierra.

Así que Copérnico, lo quiera o no, vuelve a orbitar entorno a la Tierra, aunque dada la envergadura, objetivos y logros ya alcanzados por tal programa, creo que estaría de acuerdo; todo sea por la causa.

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